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El Saltasaurus tiene el honor de ser el primer saurópodo acorazado descubierto, aunque más tarde se encontraron más, como el Neuquensaurus.

Características Editar

El Saltasaurus era herbívoro al igual que todos los saurópodos, y quizás utilizara sus placas óseas como protección, aunque su gran tamaño ya era un arma bastante fuerte, aunque no era tan grande como otros saurópodos, por ejemplo el Diplodocus o el Brachiosaurus. Las placas que cubrían su lomo, que reciben el nombre de osteodermos, también fueron encontradas posteriormente en otros saurópodos como el Pelorosaurus. La coraza estaba compuesta de placas óseas de 20 cm de diámetro y rodeadas de un recubrimiento de pequeños bultos óseos que recubrían el resto del lomo. Su columna vertebral estaba reforzada en la región del cuello, del lomo y especialmente en la cola. El Saltasaurus tenía unas fosas nasales grandes encima de las órbitas oculares, por lo que se cree que se alimentaba de plantas acuáticas. Las patas eran muy robustas para soportar su peso y las delanteras tenían el mismo tamaño que las traseras, lo que sugiere que podía erguirse sobre las patas traseras para alcanzar una mayor altura. Las vértebras de la cola eran recias y tenían articulaciones como nuestra rodilla. Debajo de cada una de estas vértebra y en los espacios entre ellas había pequeños huesos en forma de cuña llamados chevones, que se prolongan hacia delante en un par de varillas, en las que se insertaban fuertes músculos que tensaban la cola del animal. Las vértebras del lomo tenían largas espinas que también ofrecían grandes puntos de inserción a ligamentos de gran resistencia que servían para levantar el cuello y tenían un tejido óseo característico.

ComportamientoEditar

Vivían en grandes manadas formadas por hembras que se movían constantemente en busca de alimento. Una vez al año, las hembras se dirigían a un lugar de anidación donde iban dejando los huevos en grupos separados. Las hembras depositan los huevos en diferentes lugares, de forma que tenían una mayor esperanza de supervivencia, pero las madres abandonaban los huevos y las crías del interior a su suerte. Una vez que los huevos estaban puestos, las madres los cubrían con hojas.